AÑOS MI ALMA EN VANIDAD VIVIÓ
Años mi alma en vanidad vivió,
Ignorando a quien por mí sufrió,
Oh que en el Calvario sucumbió
El Salvador.
Mi alma allí divina gracia halló,
Dios allí perdón y paz me dio.
Del pecado allí me liberto,
El Salvador.
La historia detrás del himno
Este himno evangelístico que forma parte de un testimonio nunca hubiese podido ser escrito sino hubiese sido por un padre muy preocupado y por un director de un colegio bíblico quien hizo una excepción a las reglas porque creyó que Dios quería que hiciese eso.
El Dr.Torrey, dijo la historia de este himno en una de las campañas que llevó a cabo en Birmingham, Inglaterra en 1905.
Cuando yo era el presidente del Instituto Bíblico Moody, recibí una carta de un pastor quien estaba muy preocupado por su hijo. Este joven tenía muchos problemas en su vida y lo único que el padre pensó que le podía ayudar, sería el estudio diario de la Escritura, así como la comunión con otros cristianos jóvenes.
Le contesté la carta al padre diciéndole que yo simpatizaba con él en cuanto al gran problema que tenía en su familia, porque yo también soy un padre; pero, por la razón de que yo dirigía una escuela cristiana y no un reformatorio, tenía que rechazarle su petición.
Aquel padre desconsolado se puso en contacto conmigo tan pronto como recibió mi carta y me rogó nuevamente que le diera una oportunidad a su hijo.
En esta ocasión yo acepté la propuesta con las condiciones de que el joven tenía que venir a verme cada día y que tenía que obedecer el reglamento completamente. Si el joven fallaba en algunas de estas condiciones, yo le tendría que pedir que se fuese.
El hijo del pastor llegó, y al principio pareció imposible trabajar con el joven. Nunca en mi vida había conocido a alguien con tantos problemas, particularmente en el ámbito espiritual. Sin embargo, él obedeció todas las reglas como lo había prometido.
Ahora que veo las cosas, creo que este fue el primer paso positivo en él. Pero cada día que él venía a verme, a través de sus preguntas se podía notar algo que le molestaba mucho.
Cada día le contestaba sus preguntas con la Palabra de Dios, ya que sabía que eso iba a ser más efectivo que mis razonamientos. Los días se transformaron en semanas, las semanas en meses, y aunque se veía cierto mejoramiento, no había victoria sobre las cosas que orábamos.
Un día llegó con un semblante totalmente diferente, Dios había contestado nuestras oraciones por sus necesidades. Desde aquel día, el joven llegó a ser un joven ejemplar y hoy día, él es uno de nuestros excelentes maestros en el Colegio Bíblico Moody – su nombre es william reed newell.
Más tarde, se le preguntó al Dr. Newell precisamente acerca de esta historia y agregó lo siguiente:
“si yo no hubiese pasado por esa experiencia, y les puedo asegurar que no fue nada grata, tal vez nunca hubiese aprendido la importancia de la Palabra de Dios y el mensaje precioso de salvación por la gracia que mi lugar había sido tomado por Jesús en el Calvario.
Fue un día estando pensando en esta grandiosa verdad cuando decidí escribir un poema al respecto algo así como dando un recuento de lo que Dios había hecho en mi vida.
Recuerdo cuán poco me preocupaba de lo que era el evangelio, pero a través del Dr. Torrey y su constancia en presentarme la Palabra de Dios encontré la solución a mis problemas. Después llegó el día cuando rendí mi vida al Señor para su servicio y decidí que al poema le hacía falta una estrofa más y escribí:
Toda mi alma a Cristo ya
entregué,
Hoy le quiero y sirvo como a rey,
Por los siglos siempre cantaré
Al Salvador.
“Mientras leía lo que había escrito, me di cuenta que no solamente era algo que había ocurrido en mi vida sino que se aplicaba a muchos otros en la familia de Dios. En aquel tiempo estaba enseñando en el Instituto Moody y le llevé una copia de mi poema al Dr. Towner, quien era el director del departamento de música del Instituto, para que le escribiera la música si él creía que el poema tenía cierta calidad.
Cuando iba para una de mis clases le entregué el poema al Dr. Towner y después de la clase el Dr. Towner me dijo lo siguiente:
‘Bill, me gustó tanto el poema que me diste que me fui inmediatamente a mi estudio y compuse la siguiente melodía. Creo que este será el mejor himno que tú o yo vamos a escribir en toda la vida’.
“Pero saben, yo no sé cuánto mérito artístico tenga mi escrito como poema pero les puedo decir una cosa ese himno ha influenciado a más personas que todos los libros que Dios me ha permitido escribir.
